martes, 26 de febrero de 2008

SAN MARTÍN DE LOS ANDES, UN LAGO


Largo tiempo hace ya desde que anduvimos por este pueblo. El eterno bus nos dejo en este pueblo andino, donde había un lago y dos brujas. Por supuesto nos hospedamos en la casa de las jovenes brujas. Digo brujas en el buen sentido de la palabra, si es que la tiene, sino me la invento.

La casa era acogedora, entrañable, de madera, la mirada de Mónica nos daba confianza, pero sabíamos que en su eterna vida de dificultades tuvo que hacerse bruja para conbatir a un gran mal que habita por estos lugares, el hombre. Ojos negros y brillantes delataban pociones y conjuros en sus ratos libres. En algún tiempo fue bella, ahora sólo quedaba un resquicio de aquella belleza, pequeña, pero visible.

Anduvimos por la montaña que envuelve al lago. Un territorio mapuche. Allí viven los indígenas intentando mantener sus antiguas costumbres, (aunque había un par de parabólicas, hasta ellos..) pasamos por algún poblado donde una señora tendía la ropa, la mojaba con cubos de agua en un bosque rodeado de sombras.
Y este pueblo dió mucho más de sí, descanso, agua, paisaje y una tranquilidad infinita.
Y seguimos hacía el norte, "siempre fuertes", cruzando una linea en un plano y llegando a otro lugar. Un lugar que me acerca más a vosotros. Pero eso ya es otra historia.

martes, 12 de febrero de 2008

CALAFATE, EL "GLASIAR" MORENO Y 40 H




En un autobús llegamos a el Calafate. Con el único objetivo ver el Glaciar Perito Moreno.
Habiendo salido del frío y las condiciones climatológicas de Ushuaia, unos grados más y un constante sol en aquel lugar; multiplicaron nuestros ánimos. David y yo iríamos al glaciar al día siguiente a las 8 de la mañana.

Conseguimos llegar de milagro al bus de las 8, y después de una hora y media nos despertamos con la blancura y la grandeza del aquella mole de hielo y témpanos afilados. Descubrimos el hielo, como Jose Arcadio Buendía. Con la tontera de la noche anterior decidimos que se llamaría "Glasiar y que era muy hermossso". La resaca nos hacía visualizar lo que sería un buen kubata con unos hielos del Glasiar. Así entre risas mil y el hielo pasamos la mañana.

A las 21:00 horas de ese mismo día, agarraríamos otro bus que nos llevaría por la famosa ruta 40 argentina. 40 horas nos separaban de nuestro siguiente destino, por una carretera de ripio y desierto. Nuestra fatiga era tan grande, que nos abandonamos a un sillón y al vaivén de aquel autobus imparable.

Y durante el transcurrir de las horas, divisé paisajes esteparios donde las mesetas se confundían con las nubes infladas de blanco. Un desierto inagotable de matojos ocres, en el que al mirar su inmensidad volaron los recuerdos y los sueños.

Y me acordé y soñé todo.


USHUAIA, PRINCIPIO DEL FIN


Seguíamos en la ruta 3, a la altura de Fitz Roy, en una estación de servicio que no tenía nafta (gasolina), sólo tenía una dependienta abobinable que no nos dejaba usar el baño. Algún destino eligió que un "mamut" blanco con 6 ruedas se detuviera en aquel lugar y que en su interior se encontrara una familia viajera maravillosa. Tuvimos el placer de acompañar, recorrer día y noche unos 1500 km, cruzando fronteras, atravesando el canal de Magallanes en barco, por carreteras asfaltadas y por el "temible" y esperado ripio; con Martín,Viviana y Esio.
Ushuaia, ciudad más al sur de nuestro planeta, se ubica en la isla de Tierra del Fuego. Se denomina tierra de fuego porque cuando llegaban los "conquistadores", los Patagones que estaban muy tranquilitos con su fuego, acojonaban con la multitud de hogueras a los piratas que esperaban en los barcos. Sólo consiguieron retener a esa banda un poco; y después como cantaría Viviana: "Nos conquistaron".

La ciudad tiene cierto encanto, así como contrastes fuertisímos. Porque a la vez que llega un trasatlántico con miles de rusos con dentaduras de oro y relojes de pulsera pesados, los niños sin dientes juegan a romper botellas de cerveza a pedradas. Las calles son sinuosas y desordenadas debido a que lo normal era que cada uno se construyera su casita donde más le apetecía.

Nos instalamos en un camping, al cuál bautizo como el camping del pelotudo, con esta persona encontré el verdadero significado a esta palabra argentina. Entre los árboles y el frío mitigado por un café ardiente, apareció David ante nuestros ojos. La celebración fue grandiosa.

Los tres y acompañados por un nuevo viajero llamado John, de Gales y especialista en trekking, él cual nos hizo pasar una velada formidable en casa de Martín y Viviana, cantando folk Gales. Nos aventuramos tres días a la dureza de la precordillera de los Andes. Con un equipamiento mínimo pasamos dos noches y tres días de ensueño entre valles, lagos y bosques. Descubrimos la fatigosa y rojiza Turba, es un liquen esponjoso y húmedo que absorve el agua y si te descuidas los pies, terreno por el cual anduvimos incesantemente y de forma sufrida. El segundo día subimos hasta el lago gris de roca y pasamos otra noche en otro lago con la unica compañia de un viento helado húmedo y una familia de castores. El último día como nos habíamos descuidado del sendero, decidimos inventarnos uno y fuímos a lo jabalí montaña abajo, por una ladera de piedras afiladas y por un bosque frondoso hasta llegar de nuevo a la puta turba. Todo esto en chanclas con calcetines...
Pasamos unos días más por esa ciudad sureña donde en un mismo día sufríamos un impresionante frio, lluvia, vientos y disfrutabamos de 7 minutos de sol. Conocimos a un pibe de Buenos Aires llamado Santiago con el que compartimos buenas charlas y farras. Y por cierto me encontré con uno de Lezo.
Ushuaia ahora se queda muy al sur y me consta que me caló muy hondo, hasta los huesos.