domingo, 27 de enero de 2008

POR LA CARRETERA, RUTA 3



Salimos de la redes marineras de puerto pirámides, rumbo al sur por la ruta 3. Lamentablemente, la comunidad tuvo que dividirse, por causas ajenas y por voluntad propia. Ahora somos dos, Jose y yo, pero en realidad nos llevamos a todos.

El objetivo final era el fin del mundo, allá en la tierra del fuego. Lo que pasará durante el camino no dependía de nosotros.

Expuestos a otras voluntades el primer dedo pulgar nos llevo a Trelew. Cristian "el carnicero", por poseer tres negocios de carnicerías, nos mostró las gentes que habitaban tal lugar. Nos convertimos en carniceros por un día y nos recompensó con un colchón y un espectacular asado que tuvimos que preparar embriagados por la situación y 27 cervezas. Conocimos la "profunda" villa de trelew, donde la peliagudez era esplendorosa, y los personajes amables y carcelarios. Una niña llamada Salma de 12 años parecía tener más cabeza que todos los adultos que le rodeaban y boquiabiertos ante aquella lección para sus progenitores nos fuimos a dormir. Por la mañana Cristian nos despertó con una canción de ACDC, inolvidable.
El siguiente trayecto fue con un vendedor de coches llamado Eduardo hasta la ciudad de Comodoro de Rivadavia, donde hicimos noche en un albergue de sapos y culebras. LLegamos hasta Caleta Olivia volando por la ruta, con el médico loco Rodrigo.

Calentados por un terrible sol, vagamos por la ruta en Caleta Olivia hasta llegar a la siguiente gasolinera, donde estando proximos a la misma, vimos algo que iba tapando muy lentamente al Sol, era un ángel, el ángel de la ruta 3. El ángel tomó forma material, se convirtió en un camión de construcción y en una persona fantástica llamada Héctor. Nos llevó hasta Puerto Deseado, lugar que se desviaba de nuestra ruta, pero sentíamos que debíamos conocer. Y así fue. Conocimos un lugar deseado y tranquilo y convivimos con una familia maravillosa durante unos largos instantes.

Tocados por Hector, María, Sole, Boris, Belén, Pablo y Carolina, abandonamos Puerto Deseado, y aún en estado de shock, un amable motor "Home" nos llevó al fin del mundo.
Continuará. Besos desde Ushuaia, ciudad en el fin del mundo y en el principio de todo.

PUERTO PIRÁMIDES. PARAÍSO DIFUSO


El paraíso,
viaje sin hotel y sin prisa,
la mente en blanco,
paisajes divisas,
sin un peso en la cartera
sólo se puede pensar en soñar,
bienvenido al paraíso,
felicidad...



Puerto Pirámides, en la península faunística de Valdés, es un lugar místico donde las sensaciones se manifiestan de forma contrastada, de un extremo a otro, ha sido aquí donde he podido sentir desde el más indescriptible bienestar hasta la más profunda decepción y frustración.
Bienestar, por el paisaje calmado, desértico, profundamente natural, por el olor y sabor de la sal impregnada en nuestra piel. Por la gente que nos acompañó y nos ofreció un poco más de un todo. Por las excursiones que me hicieron sentir como un naufrago en punta Alt. Por el momento duna abajo sin nada, sólo con nuestros gritos. Por sentir otro mundo, el submarino, donde eres consciente de que no eres consciente y te sientes casi nada en ese medio, los lobos marinos curiosos y cariñosos te zarandean y vacilan, bailandote su danza particular. Por ver una ballena y oirla respirar. Por sentirme dueño de una calle por un día. Por personas como Sergio que nos abrió las puertas de su casilla y de su jardín de arena y aloe vera, Claudio que vestido de Melchor nos regaló una danza con lobos marinos y unas ballenas, Javi que me vistió con su ropa, a la gente del club de buceo que me bautizaron y casi me dieron otro nombre, a todos ellos y más, muchas gracias.

Frustración y decepción, por despertarme un día sólo con la ropa de ayer, ver alguna lagrima porque alguien se atreve a arrebatarte todo lo que tienes y depués romperlo y arrojarlo en una arena que no tiene la culpa. Por que los que tienen que hacer no hacen lo que tienen que hacer. Por recibir alguna noticia del cantábrico. Pero estos hechos hicieron que aprendieramos, que nos unieramos aún más y después de una rato sonrieramos al darnos cuenta de que nuestras espaldas y nuestras mentes pesaban menos.

Todo esto y más detalles se nos presentaron en este lugar, en ese paraíso difuso, el cuál después de escribirlo y revivirlo en esta silla, se vuelve más claro.

mx.












miércoles, 9 de enero de 2008

EL BOLSÓN, LA COMARCA AZUL



Tarde en volver, me entretuve.

La comunidad del collar tras una breve estancia en Mendoza, la cual nos sirvio para descansar, dormir, lavarnos y disfrutar de una acogedora casa en la capital ( gracias Javi y compañeros), llegó a la comarca.
A la región de los lagos. El Bolsón, ciudad mágica y de fantasía, nos acogió con sus ramas frondosas y nos bañó con sus aguas azules y heladas. El agua que formaba el rio azul, limpiaba nuestras caras y refrescaba nuestras gargantas en las largas caminatas por el valle de la comarca. El pueblo respiraba misticismos y paisajes descritos por la pluma de Tolkien y en algunos momentos incluso me sentí como un ser de la tierra media.
Los caminos a orillas del rio azul, las pasarelas colgantes y los senderos misteriosos a traves de los bosques, nos permitieron descubrir el encanto de este maravilloso lugar, hasta el punto de entablar contacto con duendes, hadas y algún viejo hobbit, personajes que tendían sus manos callosas, no sé si para saludar o para pedir algún centavo.
El grupo se amplió, se incorporaron a la aventura nuevos y viejos personajes, Jose Carlos con su novia Noemi ( se convertía en Arwen en el bosque), Illari la poetisa peruana, y un loco italiano llamado Gianni que hace que nunca haya silencio en el aire. Todos juntos pasamos una noche-buena en el Lago Puelo, conectados como una familia y sintiendo las nuestras propias y las de los otros.
Sentimos el reto de acceder a un refugio situado en lo alto de la montaña, al nacimiento del río azul, al glaciar. Se sitúa a 20km de marcha y a unos 1500 metros, asi que levemente cargados de provisiones nos adentramos en nuestra empresa. El inicio era abrupto y empinado, las raíces de los árboles formaban en ocasiones una suerte de escaleras naturales. El bosque puso al límite mis fuerzas, pero el paisaje y la naturaleza que ibamos descubriendo nos daba alguna fuerza extra. Tras unas 8 horas de caminata logramos ascender hasta la cumbre donde se ubicaba el refugio, fue allí donde pasamos la noche entre el fuego, hielo y silencio. A la mañana siguiente comenzó el descenso, el cual fue de forma escalonada, el grupo se fue dividiendo según sus apetencias. En mi caso me dio por hacer un descenso en ocasiones rápido y en otras lento, asi que al principio comencé a correr sendero abajo como si una horda de orcos me pisara los talones. Cuando me faltaba el aliento me detenía a observar el silencio del bosque, y me daba cuenta de que no había tal silencio, si no más bien una comunicación entre todo lo vivo de aquel bosque. Donde parecía que no había nada, siempre había algo, ya fuera un pajaro carpintero o un árbol intentando despojarse de sus raíces.
Exhausto llegué al final del sendero de ascensión, pero todavía me quedaban unas 2 horas hasta el pueblo y nuestro campamento. El camino era de tierra y solo esperaba que algún coche pasará por allá para acercarme al pueblo. Fue en esta ocasión cuando tuve la oportunidad de hablar con el viento. Me soplaba en la cara y me tiraba el polvo del camino, incluso soplaba de forma cambiante para desconcertarme, imitaba el sonido de los coches y me hacía volver la vista atrás para descubrir una nube de polvo y nada. Fue cuando hablé con él y me dijo que haría todo el camino a pie.
Aquel fue el último día para aquel pueblo al que le prometí volver en otra ocasíon por ser tan bello.
Ahora desde la playa, en península de Valdés y sin calzoncillos os hablé de la comarca. Una persona de alma tenebrosa y de vida entre tinieblas, nos robó todo cuanto teníamos. Pero no me ha robado las ganas de seguir el camino. Vamos tan ligeros que podemos seguir andando.
Muchos besos de las ballenas, lobos marinos y pingüinos. Hasta pronto.