viernes, 6 de junio de 2008

PARA VOS

Gracias a todos los que me habeis acompañado un rato en el viaje.

más palabras en: www.palabradebolsillo.blogspot.com

algo de arquitectura en : www.tac21.blogspot.com

y más miradas hasta que nos volvamos a ver, un beso

jueves, 6 de marzo de 2008

VALPARAÍSO, CACHAI EN CHILE



"Hoy día Luna, día pena..."



Cruzamos los Andes en busca del mar y así llegamos a Viña del Mar, buscando el pacífico. Encontramos poco de lo que buscabamos y nos tropezamos con mucho de lo que no queríamos. Esta ciudad, Viña del mar, ofrecía belleza escultural superflua cada 10 metros de playa, animada a base de reggeton, concursos de belleza y demás mierda...Lo mejor de este lugar; Vivian con sus dos hijos, la resaca del mar, una calle y un bar donde sólo ponían la música que pensabamos.


A lo lejos se divisaba la ciudad de Valparaíso, la oíamos latir y le dijimos que volveríamos en unos días, ahora tocaba ir Santiago de Chile a reunirnos con otros dos compañeros de viaje, Mara y Mariano.


Santiago de Chile era como cualquiera, además la vi con ojos febriles, no le saqué partido en ese momento. Subimos al piso 25 de la torre de Pipo (un nuevo personaje que nos acompañó y nos acogió), disfrutamos de la vista de 360º sobre la ciudad y nos acoplamos a una fiesta que por allí se celebraba. Hicimos una especie de aerobic mirando a un dj y a la inmensidad de unas luces que se perdían en el horizonte, y así, nos perdimos "en el corazón de la grande Babylon".
Valparaíso nos esperaba, seguíamos oyéndola latir desde aquí también. Nos fuimos para allá.


Melancólica Valparaíso, se va comiendo la montaña creciendo entre los cerros. Ciudad que habla entre susurros, cuenta historias de personajes antiguos, de aventureros, de corsarios, de piratas, de capitanes, de marinos, de rufianes con parche en el ojo y dientes negros. Doncellas gráciles, bellas, rudas, con pantys de red y ligas bordadas escondiendo un puñal, alguna verruga sobre unos labios rojos que gritan una barbaridad. Todavía en algún rincón oscuro se puede observar esta suerte de personajes. Calles empinadas, empedradas y arenosas, casas coloridas de chapa queriendo desmoronarse sobre algo. Calles vigiladas por perros arrastrados, moribundos, tristes, como si hubieran vivido mucho tiempo. Miles de gatos ronroneando en los alféizares, gateando por tejados imposibles y herrumbrosos. Escaleras, ascensores, pasajes, graffitis y pintadas con mensaje, bares de menú portuarios. Un puerto que llora notas de música de hierro y que se rie del que llega despistado.
.
.
Y ahora me asomo a mi ventana, y si giro mucho el cuello veo el mar, un mar que me separa de mis compañeros y que algún día los traerá de vuelta, un mar que volveré a cruzar...
Hermanos, os acompaño con mi ausencia, continuad...
.

martes, 26 de febrero de 2008

SAN MARTÍN DE LOS ANDES, UN LAGO


Largo tiempo hace ya desde que anduvimos por este pueblo. El eterno bus nos dejo en este pueblo andino, donde había un lago y dos brujas. Por supuesto nos hospedamos en la casa de las jovenes brujas. Digo brujas en el buen sentido de la palabra, si es que la tiene, sino me la invento.

La casa era acogedora, entrañable, de madera, la mirada de Mónica nos daba confianza, pero sabíamos que en su eterna vida de dificultades tuvo que hacerse bruja para conbatir a un gran mal que habita por estos lugares, el hombre. Ojos negros y brillantes delataban pociones y conjuros en sus ratos libres. En algún tiempo fue bella, ahora sólo quedaba un resquicio de aquella belleza, pequeña, pero visible.

Anduvimos por la montaña que envuelve al lago. Un territorio mapuche. Allí viven los indígenas intentando mantener sus antiguas costumbres, (aunque había un par de parabólicas, hasta ellos..) pasamos por algún poblado donde una señora tendía la ropa, la mojaba con cubos de agua en un bosque rodeado de sombras.
Y este pueblo dió mucho más de sí, descanso, agua, paisaje y una tranquilidad infinita.
Y seguimos hacía el norte, "siempre fuertes", cruzando una linea en un plano y llegando a otro lugar. Un lugar que me acerca más a vosotros. Pero eso ya es otra historia.

martes, 12 de febrero de 2008

CALAFATE, EL "GLASIAR" MORENO Y 40 H




En un autobús llegamos a el Calafate. Con el único objetivo ver el Glaciar Perito Moreno.
Habiendo salido del frío y las condiciones climatológicas de Ushuaia, unos grados más y un constante sol en aquel lugar; multiplicaron nuestros ánimos. David y yo iríamos al glaciar al día siguiente a las 8 de la mañana.

Conseguimos llegar de milagro al bus de las 8, y después de una hora y media nos despertamos con la blancura y la grandeza del aquella mole de hielo y témpanos afilados. Descubrimos el hielo, como Jose Arcadio Buendía. Con la tontera de la noche anterior decidimos que se llamaría "Glasiar y que era muy hermossso". La resaca nos hacía visualizar lo que sería un buen kubata con unos hielos del Glasiar. Así entre risas mil y el hielo pasamos la mañana.

A las 21:00 horas de ese mismo día, agarraríamos otro bus que nos llevaría por la famosa ruta 40 argentina. 40 horas nos separaban de nuestro siguiente destino, por una carretera de ripio y desierto. Nuestra fatiga era tan grande, que nos abandonamos a un sillón y al vaivén de aquel autobus imparable.

Y durante el transcurrir de las horas, divisé paisajes esteparios donde las mesetas se confundían con las nubes infladas de blanco. Un desierto inagotable de matojos ocres, en el que al mirar su inmensidad volaron los recuerdos y los sueños.

Y me acordé y soñé todo.


USHUAIA, PRINCIPIO DEL FIN


Seguíamos en la ruta 3, a la altura de Fitz Roy, en una estación de servicio que no tenía nafta (gasolina), sólo tenía una dependienta abobinable que no nos dejaba usar el baño. Algún destino eligió que un "mamut" blanco con 6 ruedas se detuviera en aquel lugar y que en su interior se encontrara una familia viajera maravillosa. Tuvimos el placer de acompañar, recorrer día y noche unos 1500 km, cruzando fronteras, atravesando el canal de Magallanes en barco, por carreteras asfaltadas y por el "temible" y esperado ripio; con Martín,Viviana y Esio.
Ushuaia, ciudad más al sur de nuestro planeta, se ubica en la isla de Tierra del Fuego. Se denomina tierra de fuego porque cuando llegaban los "conquistadores", los Patagones que estaban muy tranquilitos con su fuego, acojonaban con la multitud de hogueras a los piratas que esperaban en los barcos. Sólo consiguieron retener a esa banda un poco; y después como cantaría Viviana: "Nos conquistaron".

La ciudad tiene cierto encanto, así como contrastes fuertisímos. Porque a la vez que llega un trasatlántico con miles de rusos con dentaduras de oro y relojes de pulsera pesados, los niños sin dientes juegan a romper botellas de cerveza a pedradas. Las calles son sinuosas y desordenadas debido a que lo normal era que cada uno se construyera su casita donde más le apetecía.

Nos instalamos en un camping, al cuál bautizo como el camping del pelotudo, con esta persona encontré el verdadero significado a esta palabra argentina. Entre los árboles y el frío mitigado por un café ardiente, apareció David ante nuestros ojos. La celebración fue grandiosa.

Los tres y acompañados por un nuevo viajero llamado John, de Gales y especialista en trekking, él cual nos hizo pasar una velada formidable en casa de Martín y Viviana, cantando folk Gales. Nos aventuramos tres días a la dureza de la precordillera de los Andes. Con un equipamiento mínimo pasamos dos noches y tres días de ensueño entre valles, lagos y bosques. Descubrimos la fatigosa y rojiza Turba, es un liquen esponjoso y húmedo que absorve el agua y si te descuidas los pies, terreno por el cual anduvimos incesantemente y de forma sufrida. El segundo día subimos hasta el lago gris de roca y pasamos otra noche en otro lago con la unica compañia de un viento helado húmedo y una familia de castores. El último día como nos habíamos descuidado del sendero, decidimos inventarnos uno y fuímos a lo jabalí montaña abajo, por una ladera de piedras afiladas y por un bosque frondoso hasta llegar de nuevo a la puta turba. Todo esto en chanclas con calcetines...
Pasamos unos días más por esa ciudad sureña donde en un mismo día sufríamos un impresionante frio, lluvia, vientos y disfrutabamos de 7 minutos de sol. Conocimos a un pibe de Buenos Aires llamado Santiago con el que compartimos buenas charlas y farras. Y por cierto me encontré con uno de Lezo.
Ushuaia ahora se queda muy al sur y me consta que me caló muy hondo, hasta los huesos.

domingo, 27 de enero de 2008

POR LA CARRETERA, RUTA 3



Salimos de la redes marineras de puerto pirámides, rumbo al sur por la ruta 3. Lamentablemente, la comunidad tuvo que dividirse, por causas ajenas y por voluntad propia. Ahora somos dos, Jose y yo, pero en realidad nos llevamos a todos.

El objetivo final era el fin del mundo, allá en la tierra del fuego. Lo que pasará durante el camino no dependía de nosotros.

Expuestos a otras voluntades el primer dedo pulgar nos llevo a Trelew. Cristian "el carnicero", por poseer tres negocios de carnicerías, nos mostró las gentes que habitaban tal lugar. Nos convertimos en carniceros por un día y nos recompensó con un colchón y un espectacular asado que tuvimos que preparar embriagados por la situación y 27 cervezas. Conocimos la "profunda" villa de trelew, donde la peliagudez era esplendorosa, y los personajes amables y carcelarios. Una niña llamada Salma de 12 años parecía tener más cabeza que todos los adultos que le rodeaban y boquiabiertos ante aquella lección para sus progenitores nos fuimos a dormir. Por la mañana Cristian nos despertó con una canción de ACDC, inolvidable.
El siguiente trayecto fue con un vendedor de coches llamado Eduardo hasta la ciudad de Comodoro de Rivadavia, donde hicimos noche en un albergue de sapos y culebras. LLegamos hasta Caleta Olivia volando por la ruta, con el médico loco Rodrigo.

Calentados por un terrible sol, vagamos por la ruta en Caleta Olivia hasta llegar a la siguiente gasolinera, donde estando proximos a la misma, vimos algo que iba tapando muy lentamente al Sol, era un ángel, el ángel de la ruta 3. El ángel tomó forma material, se convirtió en un camión de construcción y en una persona fantástica llamada Héctor. Nos llevó hasta Puerto Deseado, lugar que se desviaba de nuestra ruta, pero sentíamos que debíamos conocer. Y así fue. Conocimos un lugar deseado y tranquilo y convivimos con una familia maravillosa durante unos largos instantes.

Tocados por Hector, María, Sole, Boris, Belén, Pablo y Carolina, abandonamos Puerto Deseado, y aún en estado de shock, un amable motor "Home" nos llevó al fin del mundo.
Continuará. Besos desde Ushuaia, ciudad en el fin del mundo y en el principio de todo.

PUERTO PIRÁMIDES. PARAÍSO DIFUSO


El paraíso,
viaje sin hotel y sin prisa,
la mente en blanco,
paisajes divisas,
sin un peso en la cartera
sólo se puede pensar en soñar,
bienvenido al paraíso,
felicidad...



Puerto Pirámides, en la península faunística de Valdés, es un lugar místico donde las sensaciones se manifiestan de forma contrastada, de un extremo a otro, ha sido aquí donde he podido sentir desde el más indescriptible bienestar hasta la más profunda decepción y frustración.
Bienestar, por el paisaje calmado, desértico, profundamente natural, por el olor y sabor de la sal impregnada en nuestra piel. Por la gente que nos acompañó y nos ofreció un poco más de un todo. Por las excursiones que me hicieron sentir como un naufrago en punta Alt. Por el momento duna abajo sin nada, sólo con nuestros gritos. Por sentir otro mundo, el submarino, donde eres consciente de que no eres consciente y te sientes casi nada en ese medio, los lobos marinos curiosos y cariñosos te zarandean y vacilan, bailandote su danza particular. Por ver una ballena y oirla respirar. Por sentirme dueño de una calle por un día. Por personas como Sergio que nos abrió las puertas de su casilla y de su jardín de arena y aloe vera, Claudio que vestido de Melchor nos regaló una danza con lobos marinos y unas ballenas, Javi que me vistió con su ropa, a la gente del club de buceo que me bautizaron y casi me dieron otro nombre, a todos ellos y más, muchas gracias.

Frustración y decepción, por despertarme un día sólo con la ropa de ayer, ver alguna lagrima porque alguien se atreve a arrebatarte todo lo que tienes y depués romperlo y arrojarlo en una arena que no tiene la culpa. Por que los que tienen que hacer no hacen lo que tienen que hacer. Por recibir alguna noticia del cantábrico. Pero estos hechos hicieron que aprendieramos, que nos unieramos aún más y después de una rato sonrieramos al darnos cuenta de que nuestras espaldas y nuestras mentes pesaban menos.

Todo esto y más detalles se nos presentaron en este lugar, en ese paraíso difuso, el cuál después de escribirlo y revivirlo en esta silla, se vuelve más claro.

mx.












miércoles, 9 de enero de 2008

EL BOLSÓN, LA COMARCA AZUL



Tarde en volver, me entretuve.

La comunidad del collar tras una breve estancia en Mendoza, la cual nos sirvio para descansar, dormir, lavarnos y disfrutar de una acogedora casa en la capital ( gracias Javi y compañeros), llegó a la comarca.
A la región de los lagos. El Bolsón, ciudad mágica y de fantasía, nos acogió con sus ramas frondosas y nos bañó con sus aguas azules y heladas. El agua que formaba el rio azul, limpiaba nuestras caras y refrescaba nuestras gargantas en las largas caminatas por el valle de la comarca. El pueblo respiraba misticismos y paisajes descritos por la pluma de Tolkien y en algunos momentos incluso me sentí como un ser de la tierra media.
Los caminos a orillas del rio azul, las pasarelas colgantes y los senderos misteriosos a traves de los bosques, nos permitieron descubrir el encanto de este maravilloso lugar, hasta el punto de entablar contacto con duendes, hadas y algún viejo hobbit, personajes que tendían sus manos callosas, no sé si para saludar o para pedir algún centavo.
El grupo se amplió, se incorporaron a la aventura nuevos y viejos personajes, Jose Carlos con su novia Noemi ( se convertía en Arwen en el bosque), Illari la poetisa peruana, y un loco italiano llamado Gianni que hace que nunca haya silencio en el aire. Todos juntos pasamos una noche-buena en el Lago Puelo, conectados como una familia y sintiendo las nuestras propias y las de los otros.
Sentimos el reto de acceder a un refugio situado en lo alto de la montaña, al nacimiento del río azul, al glaciar. Se sitúa a 20km de marcha y a unos 1500 metros, asi que levemente cargados de provisiones nos adentramos en nuestra empresa. El inicio era abrupto y empinado, las raíces de los árboles formaban en ocasiones una suerte de escaleras naturales. El bosque puso al límite mis fuerzas, pero el paisaje y la naturaleza que ibamos descubriendo nos daba alguna fuerza extra. Tras unas 8 horas de caminata logramos ascender hasta la cumbre donde se ubicaba el refugio, fue allí donde pasamos la noche entre el fuego, hielo y silencio. A la mañana siguiente comenzó el descenso, el cual fue de forma escalonada, el grupo se fue dividiendo según sus apetencias. En mi caso me dio por hacer un descenso en ocasiones rápido y en otras lento, asi que al principio comencé a correr sendero abajo como si una horda de orcos me pisara los talones. Cuando me faltaba el aliento me detenía a observar el silencio del bosque, y me daba cuenta de que no había tal silencio, si no más bien una comunicación entre todo lo vivo de aquel bosque. Donde parecía que no había nada, siempre había algo, ya fuera un pajaro carpintero o un árbol intentando despojarse de sus raíces.
Exhausto llegué al final del sendero de ascensión, pero todavía me quedaban unas 2 horas hasta el pueblo y nuestro campamento. El camino era de tierra y solo esperaba que algún coche pasará por allá para acercarme al pueblo. Fue en esta ocasión cuando tuve la oportunidad de hablar con el viento. Me soplaba en la cara y me tiraba el polvo del camino, incluso soplaba de forma cambiante para desconcertarme, imitaba el sonido de los coches y me hacía volver la vista atrás para descubrir una nube de polvo y nada. Fue cuando hablé con él y me dijo que haría todo el camino a pie.
Aquel fue el último día para aquel pueblo al que le prometí volver en otra ocasíon por ser tan bello.
Ahora desde la playa, en península de Valdés y sin calzoncillos os hablé de la comarca. Una persona de alma tenebrosa y de vida entre tinieblas, nos robó todo cuanto teníamos. Pero no me ha robado las ganas de seguir el camino. Vamos tan ligeros que podemos seguir andando.
Muchos besos de las ballenas, lobos marinos y pingüinos. Hasta pronto.